El papá de la Coca fue con nosotros, y nos despertaba todos los días a las 7 am. en punto como buen marino. Recuerdo que sólo decía: Buenos días, son las 7, y colgaba.
Nunca me olvidaré de los sánduches de pollo frío que comíamos en el páramo... (ahora que lo pienso, no sé si esto fue en ese paseo en el de Riobamba, ¿alguien se acuerda?)

Fíjense en la tecnología del teléfono.

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